abril  2021

Ser payaso es algo serio

Entrevista a Carolina Willis, payaso de hospital.

     Hace un par de meses, cuando el sol patagónico empezaba a cobrar fuerzas veraniegas allá en diciembre, nos encontramos con Carolina Willis, sanmartinense por adopción, estudiante de psicología y, durante un período, payaso de hospital. Sí, con nariz roja y muchos colores visitaba las habitaciones del Hospital Ramón Carrillo repartiendo alegría a quienes les estaba faltando.

 

     — Vamos a arrancar por el principio —nos organizó Caro cuando comenzamos con la catarata de preguntas —. Sí, tuve la experiencia de ser parte de esta comunidad hermosa de payasos de hospital.

 

     Entonces empezó ella a hablar y nosotros a escucharla, nos contó que la organización más conocida es Payamédicos, que arrancó más o menos en el año 2001 y que después empezaron a funcionar otras organizaciones con el mismo espíritu. Mientras vivía en San Martín de los Andes (ahora está en Bs As terminando la carrera de psicóloga) pertenecía a «Puente Clown», organización a la que se unió en el 2015 cuando se acercó al hospital curioseando… investigando a ver si existía algún grupo en el cual pudiera participar. Entonces conoció al Dr. Pedro Barbieri que estaba empezando a formar «Puente clown» en esta ciudad.

 

     — ¡Me hiciste acordar! Cuando todavía vivía en Buenos Aires y viajaba en tren se subían unos que iban de payasos. No tiene nada que ver con la salud, pero bueno...

     —  La presencia del payaso es revolucionaria. Donde aparezca un payaso  es revolucionario, ¡y sobre todo en un hospital! Nadie asocia que un payaso pertenezca a ese espacio, pero nadie debería pertenecer a ese espacio. Entonces, el clown…

     — El clown no es el payaso…

     —  El clown es un personaje; no es un bufón como el del medioevo, es un personaje mucho más cercano al público y se destaca mucho por algunas cualidades muy puntuales: es muy tierno, tiene una visión del mundo como si fuera un niño de cinco años por su capacidad de asombro. Cosas que a nosotros nos parecen cotidianas, que nos pueden pasar por al lado y no nos mueven ni un pelo, al clown, que siempre va a estar con los ojos abiertos, lo va a sorprender, él vuelve a dar vida y significancia las cuestiones que para nosotros son corrientes.

     Tiene esta cuota de niño, de ser espontáneo, inocente, ingenuo; es torpe y eso genera la risa. Está muy enfatizado en el clown el fracaso, por ejemplo, si uno va caminando por la calle y se resbala, enseguida se quiere rearmar, parar y hacer como que «acá no pasó nada». El clown hace un show de esa caída. Esto de que al clown le va mal, genera con el público empatía: «a mí también me ha ido mal un montón de veces o he fracasado en un montón de cosas».

Puente clown - payasos de hospital

De izquierda a derecha

Fernando Sellari (Dr. Quenito Securis)

Patricia Frete (Dra. Amanda Anda Amando)

Cristina López Lavoine (Dr. Quelita)

Carolina Willis (Dra. Clara Palangana)

Andrea Fuentes (Dra. Carmelita Curita)

PODCAST

     — Algo similar ala catarsis en el teatro, es decir, la idea de que lo que sucede en el escenario me permite a mí (espectador) hacer catarsis por mi propia historia.

     — Sí. Bueno, lo que pasa es que en el teatro hay una premisa: el público es la cuarta pared. En el arte del clown se cae, no hay cuarta pared porque todo el tiempo interactúa con el público. El clown busca todo el tiempo ser amado, que es un poco también lo que buscamos todos, pero no va a responder en negativo... Por ejemplo, podés pedirle que se tire de un puente, él nunca va a contradecirte, lo va a hacer porque realmente quiere tu aprobación, pero va a ir arrastrándose y te va a mirar... ¡te va a hacer ojitos y todo...!  

     Caro cuenta que nuca había hecho teatro, de hecho, sumarse al grupo de los payasos nada tenía que ver con ese arte sino más que nada con una vocación de servicio. «Esto de ser payaso es cosa seria» explicaba porque va más allá de ponerse la nariz y los zapatos, inclusive es mucho más que la construcción de un personaje (como hacen los actores), «tiene que ver mucho con el niño interior».

 

     — Danos un ejemplo.

     — A mí me pasaba que con Clara Palangana, mi doctora, siempre dije que era todo lo que Carolina no podía hacer en el mundo adulto, porque en ese mundo tenés que comportarte, tenés que hablar de cierta manera, actuar acorde a mandatos sociales, a una cuestión de convivencia social. Y esa mirada de niño, cuando vamos creciendo, vamos perdiéndola por estas máscaras sociales que uno se va poniendo. Sumado a que nunca nos queremos mostrar vulnerable. Entonces, más allá de construir un personaje es conectar con tu esencia y con tu niño interior.

 

     No lo dijimos antes, pero Carolina nos recibió con una pila de papeles y apuntes para hablarnos sobre los clowns… porque ser payaso es cosa seria. Con una mano sobre los papeles, contaba que muchos han escrito sobre ellos y que afirman que todos llevamos uno dentro, solo hay que buscarlo… «Pero hay que formarse» aclaró «El clown improvisa, pero para improvisar tenés que tener mucha estructura, mucho ejercicio, formación; hay que formarse, hacer cursos, ejercicios y por eso es una cuestión seria»

 

      — Sobre lo que mencionaste que te acercaste por el servicio, vos además lo estás combinando con el estudio de la psicología.

     — Esto también me resonaba… entender la salud no como ausencia de enfermedad, sino como un bienestar integral, como seres biopsicosociales que somos. Entonces, está bueno entender que no es una terapia alternativa, sino complementaria, en es también hacemos mucho hincapié. La idea es sumar.

     — Básicamente, si te duele la cabeza no vayas al payamédico

     — Claro, te reís un rato, pero no, consulte siempre a su médico.

     — Ustedes van más a lo anímico. 

     — Nosotros vamos como complemento en lo que es las emociones. Por ejemplo (sin ir a algo muy drástico), te quebrás el brazo y el traumatólogo, en vos, va a ver un brazo. Y eso no lo hace malo ni menos humano ni nada, su enfoque tiene que estar ahí, en el brazo roto. Desde nuestra parte, terapéutica y lúdica, es integral a la persona, porque más allá del brazo roto, esa persona tiene deseos, tiene sueños, planes, ganas. Entonces, nosotros decimos que es rescatar los aspectos saludables. 

     

     — O sea que le tiras una pelotita para que la ataje con el brazo, es como el chiste de clown, digamos.

     —Justo eso. Tocaste algo que es re importante: que podemos trabajar con todos los pacientes, no existe el «no puedo». Podés estar postrado, con una enfermedad muy seria  que te incapacite y, sin embargo, podemos jugar igual. Encima eso es re lindo, ¡podes ser lo que quieras ser! Entonces resulta todo más fácil y maravilloso. Porque si querés ser un director de orquesta, y bueno… nosotros podemos ser las notas musicales y saltar y bailar, ir al compás de lo que vos nos digas. 

 

     — Claro, el paciente mueve las manos y ustedes van saltando. 

     — Todos podemos ser lo que queramos porque es un espacio de fantasía y de ilusión.

  

     Carolina va poniendo conciencia y luz sobre toda una parte de la internación que es demasiado incómoda. «Puente Clown propone ser un puente entre la enfermedad y todo lo que conlleva» contaba. Y es que la gente que está ahí no está en su cama, no tiene sus sábanas, está lejos de su casa, su vida se interrumpió, quedó pausada. Y en ese contexto, la medicina resulta un tanto invasiva: el enfermero entra sin golpear, te cambia el suero, hace lo que te tenga que hacer..., te pincha, te saca sangre, toma la temperatura… Entra un médico y después otro, te llevan de acá para allá, te hacen estudios… Y de repente uno deja de tener control sobre lo que le pasa.

      — Claro, pasas a tener un rol muy pasivo. Entonces, es ir y adaptar al clown (la parte artística) al medio hospitalario (siempre respetando las autoridades y las reglas del espacio), para darle un recreo al paciente, hacer una pausa… Como cuando uno viene leyendo un texto: una pausa es un respiro. Respiro y continúo. No es que se le va a solucionar el problema...

 

     — Es un relajo.

     —También en psicología es muy importante el juego porque permite la capacidad de simbolizar, de darle un significado a lo que te está pasando. En ese sentido, cuando llega el clown genera un espacio de encuentro. Lo que se dice es que habilitas y alojas la subjetividad del otro. A todos nos puede pegar diferente las enfermedades, la hospitalización, un duelo; cada uno tiene su propia subjetividad, su propia manera de sentir, de ser, de ver el mundo. Entonces, como clown alojas esa subjetividad y le permitís la paciente que se proyecte en vos.

     A través del juego, vas viendo cómo resignifica, cómo tienen herramientas, podemos bailar, cantar, llevar títeres. La idea es darle el espacio para que construya un reflejo de su mundo un interior. Desde el juego podés ver el mundo interior de una persona, cómo está tramitando y transitando ese momento de dolor; el payaso de hospital acompaña en el dolor, eso es lo que tiene y eso es lo que a mí me enamora de esta experiencia. Me resulta súper noble estar ahí cuando las cosas se ponen feas.

 

     — Hacerlo un poco más llevadero, digamos. 

     —Sí, alivianar la mochila.

 

     —Me imagino que los chicos sí se deben sumar enseguida, no debe ser difícil. ¿Los adultos cómo reaccionan cuando ven llegar a este grupo de payasos?

     —Primero, los descoloca, te miran raro, ya te digo que no es una figura comúnmente asociada a un hospital. Nosotros trabajamos muchísimo en paliativos..

 

     — Con quienes están por morir, se puede decir. 

     — Se puede decir, sí, sí. No es tabú. Entonces, muy pocas veces nos pasó que alguien nos dijera «no los quiero recibir». Además, trabajamos con la familia y con el personal médico (también a veces está estresado por su profesión en sí y todas las cuestiones que se viven en el hospital).

     En cuanto a la familia, nos ha pasado de familiares que estaban distanciados con el paciente o de familias donde hay conflictos entre ellos, entonces se ha generado un espacio de unión, si se quiere, de reconciliación. Un espacio también para ir trabajando la despedida y que sea lo más armoniosa posible, lo menos traumática posible. En una intervención sucedió que... Bueno, nosotros tenemos distintos recursos, instrumentos, trabajamos mucho con el burbujero…

 

     —Queremos la anécdota. 

     — … y fue una intervención en la que se jugó mucho con las burbujas y los mensajes que se podían transmitir a través de las burbujas y demás. Era una señora que tenía cáncer, que ya estaba en una etapa final y los hijos participaron en esa intervención, fue muy linda. Después nos llegó la información de que, en velatorio, que fue al poquito tiempo, los hijos de una manera simbólica empezaron a hacer burbujas.

     Eso es la capacidad y la potencia que tiene la tarea, trascendió las cuatro paredes del hospital, de esa habitación.

 

Y con esta anécdota terminamos esta nota…

¡Pero la entrevista siguió! Escuchala entera en el podcast Saltar a La Palestra

del sábdo 7 de noviembre 2020.

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