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abril 2021

Huesos en el jardín

Por Florencia Beláustegui

La búsqueda de una nueva lectura siempre es una especie de aventura… La biblioteca de la que soy socia tiene una gran cantidad de libros a disposición y explorar sus estantes es —para los amantes de la lectura— un placer difícil de explicar; un mundo de posibilidades. En fin, recorrí sus pasillos sin una idea clara de qué quería leer, hasta que llegué al cartel con la letra «m». Confieso que me inclinaba por una novela de Rosa Montero (una de mis escritoras preferidas), pero en el camino apareció el nombre de Mankell. Una colección de sus libros se adueñaba del último estante; y si bien ya me lo habían recomendado, aún no había leído nada de él. Elegí Huesos en el jardín por una razón simple: era una novela corta.

Henning Mankell (1948-2015) fue un novelista y dramaturgo sueco que logró reconocimiento principalmente gracias a la saga policial cuyo protagonista es Kurt Wallander. La novela Huesos en el jardín pertenece a esta saga. El argumento es sencillo: el detective está visitando una casa con intenciones de comprarla (este es su gran anhelo, una especie de plan de jubilación), pero mientras está cruzando el jardín ya volviendo hacia su auto cargado de ilusiones y entusiasmo, tropieza con una mano que, como pidiendo ayuda, sobresale de la tierra. Entonces comienza la investigación de una serie de asesinatos cometidos hace más de cincuenta años.

Lo primero que llamó mi atención fue el protagonista. Ignorante yo de la existencia de otros libros de Wallander, desde los primeros capítulos fue obvio que existía toda una historia, toda una vida previa a esa novela que, después descubrí, es una de las últimas de la saga. Con este personaje, Mankell rompió con el estereotipo del detective clásico: aquel personaje plano como Holmes o Poirot que vivieron mil aventuras, pero siempre actuando de la misma manera. Wallander fue creciendo y evolucionando. Sobre esto, Mankell escribió: «Desde el primer momento, (…), tuve claro que debía crear a un hombre que fuese yo y que, al mismo tiempo, fuese el lector desconocido. Un hombre que evolucionara y cambiara, tanto mental como físicamente. Al igual que cambio yo, también cambiaría él». Así, fue creando un personaje humanizado y cercano al lector. Y, como todos los grandes personajes literarios, fue cobrando vida y autonomía de su creador… Una anécdota que ilustra esto sucedió en el momento en que los ciudadanos de Suecia debían votar por sí o por no a la Unión Europea. Un hombre se le acercó a Mankell y le preguntó si Kurt Wallander votaría a favor o en contra, «Me lo preguntaba con una curiosidad auténtica». También sucedió que, así como Sherlock Holmes sigue recibiendo cartas en Baker Street, Wallander recibió mails y llamadas telefónicas de varios países…

«La mayoría son mujeres que quieren remediar la soledad de Wallander. Rara vez respondo a esas cartas. Tampoco creo que quienes las escriben esperen respuesta. Por lo general son personas sensatas. No es posible vivir con un personaje de ficción literaria, por más que a uno le atraiga la idea. Esos personajes son como amigos imaginarios con los que puedes contar y a los que puedes recurrir en caso de necesidad. Una de las diversas misiones del arte y de la literatura consiste en proporcionar compañía». 

La novela es de lectura ágil (como suelen ser los policiales) y, si bien la intriga se mantiene a lo largo de las ciento cincuenta y nueve páginas, la realidad es que el crimen pasa a un segundo plano. Las reflexiones de Wallander sobre el paso del tiempo, la vejez y la vida son las que cobran relevancia.

Mankell fue una persona comprometida socialmente y sus libros buscaron reflejar la sociedad sueca mostrando sus claroscuros (fundamentalmente en el período que va de 1990 al 2000). En una entrevista contó que su inspiración venía de los grandes dramas griegos y afirmó que cuando miramos en el espejo del crimen se ven las contradicciones de  la sociedad, y agregó: «las novelas policiales son la mejor manera para hablar de la sociedad actual». En Huesos en el jardín (voy a intentar de no spoliear el final), el motivo del asesinato fue la venganza. El asesino quedó impune durante cincuenta años y cuando finalmente lo descubren, ya convertido en un anciano de ochenta y pico de años, no siente culpa, sino que siguen vivas en él la angustia, la impotencia de la injusticia y el amor mezclado con el odio y el rencor: paradojas que existen en nuestro interior.

Me quedaron ganas de seguir leyendo sobre este policía sueco, taciturno y osco, pero con una visión descarnada y realista de la humanidad. La próxima vez, voy a empezar por el principio: Asesino sin rostro (1991)

Henning Mankell
-Saga Wallander-
  1. Asesinos sin rostro (1991)

  2. Los perros de Riga (1992)

  3. La leona blanca (1993)

  4. El hombre sonriente (1994)

  5. La falsa pista (1995)

  6. La quinta mujer (1996)

  7. Pisando los talones (1997)

  8. Cortafuegos (1998)

  9. La pirámide (1999; cuentos)

  10. Antes de que hiele (2002)

  11. Huesos en el jardín (2002)

  12. El hombre inquieto (2009)

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